Todo el bien el mundo
··········Me fastidia que, encontrando el tema tan interesante, la película diste mucho de emocionarme. Y es que la música romántica de piano y orquesta, los reproches a gritos histéricos (¡mientras se hace la compra!), los primeros planos de lágrimas emergiendo, ... me causan cierta urticaria.
··········Pero ya digo, un fastidio, porque añade al “¿se puede vivir bien y ser una buena persona?” el “¿se puede olvidar y ser feliz?”. Sin llegar al extremo de un ex
-desaparecido, ¿cuánta gente no habrá retirada del combate, intentando a toda costa olvidar para ser feliz?, ¿cuántos consumos –compras, televisión, psicotrópicos- no son ansiosos remedios para no ser conscientes?
··········Eso sí, Ulises Dumont, siempre gritón, siempre entrañable, y otros secundarios, como el militar, el niño...
··········Un tanto insufrible el personaje del ciclista, la ñoñería, el ligar tiernito y apresurado, el babeo, la playa en invierno (¡al día de conocerse!). ¡¡Ufa!! (que diría Patoruzú).
··········La historia de las lesbianas, casi igual. Al menos tienen la utilidad de guión de aclarar que el protagonista sigue célibe. Y, bueno, aunque no se entiende por qué la rubia va al hotel, por qué ellas le cuentan su vida, ... funciona como el vuelo de Ulises Dumont, para explicitar los problemas (la necesidad de construir una imagen que permita a los cotillas olvidarse de uno) y para que quede claro que no siempre ni todo el mundo puede levantar el vuelo, al menos impunemente.