Un café en cualquier esquina / Man push cart
··········Me gusta el tono visual que tiene la película. La casi total ausencia de luz solar. Luces de iluminación urbana, faros de coches, luces localizadas en las casas, con el resto de la habitación a oscuras, una pátina verde-grisácea. Todo ello me parece apropiado al tema, no sólo porque es el medio en que se desenvuelven muchos trabajadores de bajo rango del sector servicios en una gran ciudad, sino porque se compadece muy bien con el estado depresivo del protagonista.
··········Pero poco más. Las cuidadas formas habría bastado para un corto, si realmente no se quería entrar demasiado en los antecedentes de la depresión. Apenas cuenta la anécdota (que me parece interesante, eso sí) de cómo el dolor clavado en el alma le bloquea a uno todas las posibilidades que se le van presentando. Pero todo sin detalles, sin entrar un poco en los temas, en la muerte de la mujer, en la relación con la española, en el pasado roquero, ... Todo acaba resultando distante.
··········Por una parte es lógico que sea así, dado el estado psicológico del protagonista, pero a mí me aleja de él, me cuesta interesarme de verdad en sus problemas.
··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 5.
Referencias
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A mí me dejó fría. Sólo esperaba oir cantar al prota, pensando que ahí estaría la clave, lo que me expresara ese dolor tan brutal que es incapaz de decir con palabras o gestos. Pero sólo se le escucha lejanamente a través de su walkman, y me quedé igual de fría. Sí me gustó la relación del ex-rockero con el "conocido" que le ayuda facilitándole contactos, dejándole dormir en su casa, dándole trabajo. Y creo que me gustó por la ambigüedad de la situación: hasta qué punto se ayuda dando un trabajo que tú no quieres hacer porque hay otra gente para eso; hasta qué punto te puedes sentir bien por ofrecer casa y cerveza a un desarrapado cuando luego le dejarás tirado si se atreve a exigir más; y hasta qué punto es lícito que te exija más, una ayuda de verdad, con lo bien que tú creías que te habías portado. Y lo triste de esta situación tan ambígua como espectador es saberte en el lado del "ayudador pero no tanto" en vez de estar donde supuestamente deberías: en el del prota.
Sunguru — 09-10-2006 18:23:45
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Ahora que lo dice Sunguru, confieso que yo me puse de parte del "ayudador pero no tanto"; primero porque no le debía nada a nuestro depresivo más que a cualquier otro habitante de Nueva York (¿quizás sí, haberle oído cantar?) y segundo porque le ha dejado tirado abandonando el trabajo sin molestarse en darle una explicación.
Pierfrancesco Orsini — 10-10-2006 08:41:09