Lo que sé de Lola / Ce que je sais de Lola
··········De Lola acabo sabiendo algo, pero de Léon, del hombre que mira, querría saber mucho más de lo que me cuentan.
··········¡Qué tristeza! Todo está dispuesto para que nada reconforte en las dos horas de película. Una sola canción, y no pasa de la primera estrofa; la playa, y llueve; una pizca de sol, y minutos y minutos de fluorescentes; unas madres, y tan lejos; una tragaperras, y no toca. Lo único nuevo en toda la película es una batería de cocina. Y un feto, pero no existe.
··········Es el tipo de película que uno no puede recomendar a nadie... pero que uno agradece que se hagan. También los seres defectuosos tenemos derecho a salir en la pantalla 0:-)
··········Aunque, dramaturgia obliga, Léon acabe implicándose en la vida de Lola, lo hace sólo cuando ella está ‘fuera de sí’ (a sus espaldas, o borracha, o en coma) y desaparece, como debe, si ella vuelve. No tiene nada que ofrecerle a una persona real, aunque pueda cuidar un cuerpo como lo hace con su madre –sin más cariño que unos vagos residuos-.
··········Léon mira, escucha, intenta saber. Sin escrúpulos, porque todo el mundo tiene derecho a al menos una vida, y si no es la propia, ha de ser ajena.
··········Además de que controlar el producto para que no contenga nada de alegría es todo un arte, creo que también hay otras virtudes en la manera de contar esta historia. Hay elipsis constantes, las suficientes como para que cualquier incoherencia aparente sea explicable por lo que no se ha visto (por ejemplo, Lola está en la playa y Lola va a Tembleque, ¿es necesario ver que L y L han vuelto a París, han hecho maletas, ...?). Hay unos solos ojos en la película (aquello que esté al alcance de la vista de Léon) hasta que al final la mirada es la de Lola (y entonces acaba la película, porque esa sería otra historia). Hay un despojamiento de todo lo innecesario.