Gracias por fumar / Thank you for smoke
··········En primer lugar, es una divertida comedia de diálogos, con buenas frases, como no podría ser menos tratándose de expertos en hablar. También es muy sarcástica: no sólo, al cambiar el rol de buenos (antitabaquistas) y malos (tabacaleros) que cabría esperar de Hollywood, permite denunciar a algunos hipócritas defensores de la vida saludable... según se cotice, fundamentalistas que desean cambiar hasta la historia, sino que también da unos buenos palos a la propia función de cabildeo (habiéndo tan gráfica y hermosa palabra, ¿para qué decir lobbysta?). Un ejemplo: en la pared del restaurante donde se reúnen cabilderos defensores de las industrias de armamento, del alcohol y del tabaco, hay uno de esos letreros patrióticos tan yanquis que dice que “Estados Unidos tiene el mejor gobierno ... que el dinero puede comprar”.
··········Aparte de otras puyas divertidas sobre los espectáculos televisivos, sobre la publicidad encubierta en el cine o sobre cómo ven los ejecutivos de la costa Este a los de California.
··········Lo sustantivo de la historia puede parecer un poco confuso. El protagonista, cabildero de la industria del tabaco sufre un atentado y una traición, lo que le deja en una pésima situación personal; la confianza de su hijo (o más bien, la exigencia de éste de que le dé algo por lo que admirarle) le saca del agujero, para acabar de cabildero de otra industria peligrosa. Esto es, nada ha alterado la flexibilidad moral de la que cínicamente alardea de disfrutar. Y eso enlaza con el tipo de educación que le da a su hijo: al final acaba siendo el tradicional ser exitoso de los yanquis; ser bueno –o el mejor- en lo tuyo importa más que qué sea lo tuyo.
··········El momento en que el cabildero es interrogado por una Comisión del Senado, al que -manteniendo el humor- se le da tensión dramática con la presencia del hijo y con silencios previos a las respuestas impropios de un especialista en hablar, era el óptimo para plantear la sustancia del problema: defender la libertad de elegir de los adultos pero a la vez su derecho a estar formados y a ser informados en temas que son cruciales para su calidad de vida. De hecho, a la pregunta de si fumará junto a su hijo cuando éste cumpla los dieciocho años, el cabildero, al responder que si decide fumar le comprará él la cajetilla, está diciendo en realidad que considera a su hijo formado e informado de en qué se mete. ¿Y los demás chicos?
··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 8.