Lola Montés
··········No soy yo público ni de circo ni de melodramas clásicos, pero éste de Max Ophuls tenía un punto de rareza que me parecía interesante.
··········En cuanto a lo circense, me ha sorprendido la modernidad de la coreografía (año 1955), y una falta de formalidad al mismo tiempo, con Peter Ustinov pidiendo por bajo una copa y discutiendo el precio mientras perora en voz alta como maestro de ceremonias del circo (en francés, lo narrado debe ser más o menos primeros del siglo XX en Nueva Orleans) y la trouppe pega saltos enmascarada.
··········Por lo demás, la vida de Montés tampoco ha sido tan dramática como para haberse ‘echado al monte’ de la inmoralidad, ni ésta llega muy allá. No me interesa demasiado.
··········Ahora bien, la película tiene otra lectura mucho más interesante. Se hace en 1955, diez años después de que –Estados Unidos mediante- Europa occidental haya ganado la Segunda Guerra Mundial. Y lo que cuenta la historia es una figura de la vieja Europa (mujer fatal por entre las colonias, la cultura y las cortes reales) tan envilecida que vende lo único que tiene –la capacidad de epatar, tanto por pecadora como por moverse entre una sociedad con clase- a quien puede comprarla –los yanquis, puritanos morales y nuevos ricos sin verdadera clase-. Por un momento parece que Lola va a tener la dignidad de morirse, pero no, seguirá ahí, a cambio del pan, sirviendo de espectáculo con lustre a los estadounidenses. Pocas veces se ha hablado tan claro de lo que ha llegado a ser Europa tras la Segunda Guerra Mundial.
··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 5.