El camino de los ingleses
··········El otro día oía en el Telediario una entrevista-anuncio de Antonio Banderas diciendo que en esta película había decidido ‘arriesgarse’. (Sí, ya hay anuncios dentro de los telediarios; ya todo es soporte publicitario, los noticieros, las chicas y los chicos por las calles, los episodios de las series de televisión -¡los simuladores haciendo un anuncio de más de media hora del cantante Carmona!-, los altavoces del metro, todo, todo es soporte publicitario). En otra decía que había intentado recuperar el concepto de melodía, ya que el cine de hoy –ansioso de un público adolescente consumidor de videoclips- se basa más en el concepto de ritmo.
··········Hombre, arriesgarse sí se arriesga, y como melodía resulta un poco dodecafónica, confusa. Casi están mejor los arranques de ritmo.
··········Yo soy un tipo bastante prosaico, pero creo que incluso al alma más poética le tiene que parecer un hartazgo el recitado continuo. A veces funciona (“Léolo”, claro), pero porque se trata de poesía escrita para ser leída en voz alta (¡y con imágenes!). La Odisea resulta un tanto peñazo de leer, pero porque está hecha para ser oída, en sucesivas noches, en torno al fuego. La poesía que va a ser oral, tiene que ser muy clara o –alternativamente- funcionar con repeticiones, estribillos, reiteraciones. Si no es así, se pierde la atención de público como yo, y sólo los muy rápidos de mente –o de sentimiento- podrían seguir la lectura poética para darle un sentido global a la película. Naturalmente, frases sueltas, bien enlazadas con la historia, sí funcionan, pero malamente pensamientos complejos que se articulan en largas oraciones, mientras en la pantalla fluye la vida, casi siempre en forma naturalista, salvo algunas alucinaciones, o saturaciones de color.
··········En fin, yo he desconectado bastante de esa capa poética superpuesta. Y probablemente innecesaria. La historia en sí podría contener bastante poesía (¡y sin que el protagonista, los dioses nos asistan, decida ser poeta!), una poesía de la existencia, del tiempo escapado, del pacto con uno mismo sobre qué expectativas rebajar y hasta dónde, de la asunción de las sucesivas derrotas que es vivir.
··········Tampoco me funcionan muy bien los desarrollos de los personajes. Puedo seguir la derrota del Babirusa, la desaparición de su fantasma protector, la madre y la burla del destino de darle una salida forzada a su vida que es la que nadie elegiría, pero que por lo menos le viene dada. Luli tiene claro qué quiere desde el principio. Pero, ¿por qué el hijo de Juan Diego se plantea su relación con La Cuerpo tras la conversación con su padre?, ¿qué tiene que ver que su padre esté enamorado de Fonseca?, no soy capaz de ver que a alguien tan encoñado como él pueda pasársele sólo porque su madre se ha quedado sola o... No sé tampoco por qué no me cuentan cuál es la historia del poeta con el paracaidista.
··········En fin, a mí no me disgusta, visualmente me agrada. Pero tengo que quitarle muchas cosas para quedarme a gusto.
··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 6.