La vie et rien d’autre
··········Tenía un buen recuerdo del tema de esta película (no la veía desde el año 1993), pero creía recordar que se estropeaba en parte con la habitual historia de amor y con una duración excesiva.
··········La verdad es que, no siendo ciertamente lo mejor de la película, el amor del comandante con la burguesa tiene también su interés. Por una parte, porque pase de la atracción que produce algo limpio y elegante en medio del barrizal físico y moral en el que trabaja el militar, a una pasión muy vital (quizás esto no muy bien contado, explicado sólo por la vía de los celos); pero sobre todo porque ese amor se resuelva ¡dos años después y por carta!
··········Pero en fin, los temas de la película son mucho más interesantes. Año y medio después de acabada la Gran Guerra, en las cercanías de Verdún, una sociedad destruida en sus paisajes, en su economía y sobre todo en su moral. Un comandante militar está encargado de la identificación de cadáveres y enfermos amnésicos en los hospitales, en la búsqueda de desaparecidos (¡350.000!). Los políticos han decidido crear un monumento en París al ‘soldado desconocido’, para lo cuál les hace falta un cadáver que sea francés (nada de colonias, ni senegalés, ni vietnamita) y que no esté identificado. El comandante se niega a colaborar con ello: para él todos y cada uno de los cadáveres son personas, tuvieron madre, fueron queridos, crecieron, jugaron a la pelota en el patio de una escuela o de una granja, ¿qué es eso de desconocido?, lo que hay que hacer es identificarle.
··········Se habla de muchas cosas interesantes sobre la guerra: de cómo grandes empresarios franceses tenían pactado con Alemania que no se bombardearan las fábricas, mientras eran arrasados pueblos, iglesias; de cómo se las ingenian los políticos para escoder la basura, los muertos, los desaparecidos; de cómo las clases altas exigen un trato preferencial del ejército para sus desaparecidos. De cómo las circunstancias hacen de muchos ciudadanos seres rastreros que viven del sufrimiento de los otros.
··········Me gusta mucho Philippe Noiret aquí (bueno, y casi siempre). Consigue componer un personaje que bajo una capa de cinismo mantiene criterios morales humanitarios.
··········Todo se filma con oficio y eficacia, de una manera un tanto plana. Pero con la capacidad de sobrecoger en planos generales, sin efectismos sanguinolentos, casi sin primeros planos. Las familias de desaparecidos acudiendo al campamento militar para ver si reconocen alguno de los objetos que van apareciendo, una taza, un reloj, una foto... sobrecogen.
··········No me gusta la música. Hay muchos momentos sin música incidental (lo que no me estorba) pero otras veces hay subrayados ramplones excesivos. También me parece muy mala y mal cantada la canción que hace de catarsis pacifista en la fiesta. Aunque quizás sea significativa para el público francés.