Getaway / La huída
··········En un ciclo de Peckinpah en el Bellas Artes.
··········Aparte de una bien hecha película de tiros y persecuciones, aparte de algunos diálogos (pocos) de cuando el cine negro, aparte de lo gratificante que resulta siempre ver un planificado y exitos robo de un banco (ya lo decía Federico Luppi ¿en “Segundo asalto”?: los asaltos a los bancos son los únicos delitos en los que la policía no busca un móvil), aparte de McQueen y MacGraw y su química orgánica, descubro que me gustan otras cosas en ella:
··········El montaje de las primeras escenas, sobre la vida en la cárcel. Cómo se solapan los sonidos, como las secuencias quedan truncadas por planos congelados (porque la vida carcelaria es inacabable), cómo se intercalan los diversos momentos de la vida, cambiando la percepción de la continuidad por la de la repetición.
··········La música, más angustiada que angustiante, de ciertos momentos de la persecución.
··········El sentido del humor. No el un tanto chusco del veterinario, su mujer y el ladrón bigotudo, un poco desubicado. Pero todo el resto, un humor ocasional, cansado y que se abandona enseguida porque hay que huír.
··········La escena de la visita al parque al salir de la cárcel: el sueño de libertad de tirarse vestidos al río, porque es verano, hace calor, los niños juegan a la pelota, hay chicas en biquini, ya estoy fuera. Y la continuación, qué narices, a ello (pero está más filmado el deseo de que su realización).
··········Y, claro, el juego de la evolución de la relación de pareja entre Mc y Mac. Desde la primera tensión por la cutrería masculina de sentirse mal por lo que ella haya hecho, ¡por él!, a la segunda tensión, por la traición de ella (que es más una traición al diseño de McQueen de todo el asunto, a su condición de director de banda, que a su relación de pareja), con todo lo intermedio y lo siguiente. Se queda uno con la sensación de que Alice MacGraw ha tenido tan diseñado todo el proceso sentimental de Steve McQueen como éste el atraco al banco.