Concursante
··········Si un alumno de la escuela de cine tuviera que demostrar que ha asistido a todas las clases de imagen (como se llamen: de fotografía, efectos y montaje) haría una película así: uno tras otro, todos los efectos que he aprendido en la escuela (quizás también en las salas, no seamos malos). En fin.
··········En fin, la historia es una tontería, pero una tontería pretenciosa. Pretende abrirnos los ojos, desvelarnos a los pobres tontos cómo funciona el mundo; la escena de la última clase en la universidad es especialmente patética, gritando lugares comunes a unos pobres presuntos ingenuos como si les estuviera revelando que el mundo es Matrix y que más vale no tomarse las pastillas de cualesquiera colores. Lo cual me fastidia principalmente porque, digamos, hay tema, pero no se sabe entrar a morder. Se construye la historia de una manera tonta: en realidad todo pivota sobre un documento firmado sin leer que supone la pignoración de unos bienes y sobre la presunta cortedad de un plazo de ocho meses para vender unos bienes o impugnar una valoración fiscal. ¿De verdad es ése el problema del capitalismo financiero?, ¿una cláusula mal firmada en un contrato de préstamo?, ¿un pleito con el Fisco? No llega a tonto, tontorrón y no más.
··········Pero es que además se utiliza como personaje principal a un economista, ¡profesor de historia de la economía!, y –a juzgar por sus elaboradas opiniones sobre Keynes- partidario de los Chicago boys de Friedman. Eso hace especialmente ridículas todas las conversaciones con el gurú, cuya profundidad de pensamiento es equiparable a la de las magas que aparecen en la pantalla de la televisión si te quedas dormido y despiertas a deshoras.
··········Y, sin embargo...
··········Confieso que no llego a enojarme del todo. Me seducen los juegos visuales; es una cosa que me pasa. Pero también me parece apreciable la capacidad de contar de una manera seguible –incluso por mí- una historia con un montaje sincopado e histérico, con idas y vueltas continuas, con una velocidad endiablada. De alguna manera me dejo impresionar por ese despliegue, por la libertad narrativa (salirse de un decorado a otro, interrumpirse a uno mismo como lo hacen los pensamientos, ...). Desde ese punto de vista, me fastidian los pacificadores y dulcecitos trávelin finales en torno a los personajes de la trama.
··········También me gusta el homenaje de la primera escena a la de “El crepúsculo de los dioses” / “Sunset blvd.” –mitomanías-, algunos toques de humor (los personajes Santillana y Pizarro), el padrastro argentino (en general, todas las secuencias de Buenos Aires) y no sé qué más.
··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 5.
Referencias
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Una peli histérica que me hizo salir bastante agotada. En realidad fui a verla por Leonardo Sbaraglia, que también está un poco histérico, aunque imagino que el personaje lo requiere. No me interesaba el tema, aunque es cierto que para gente con dificultades para pensar en temas muy sencillos de "economía" como es mi caso, resulta divertida (simplemente curiosa) la escena del ajedrez en la que se explica para tontos cómo funciona un banco. Imagino que para alguien mínimamente informado o simplemente con dos dedos de frente, este tipo de explicaciones simplonas pueden resultar hasta insultantes.
A mí me gustó la madre de Chete Lera y poco más. Personajes tontitos (hasta Sbaraglia, que para mí hace falta un gran esfuerzo para hacerle parecer tan simplón), gritones, montaje picadito, música atronadora y repetitiva (Victor Reyes de nuevo con esas orquestaciones de "La ciudad sin límites" que entonces quedaron tan clavadas y ahora suenan a más de lo mismo). No sé si esto es un problema de la peli o de la sala, pero fui a verla a los Renoir-Princesa y el sonido estaba saturadísimo, tan alto que no se distinguían bien las palabras y mucho menos aún cuando hablaban a la vez que la música (que era casi siempre).
Me gustó algún efectillo, como el de las escenas montadas a base de fotos, pero tampoco llama mucho la atención cuando ahora eso se hace tanto en los anuncios de perfumes para hombres.
Un final largo, pesado y cansino, y además tampoco llegué a enterarme de cual era el problema, por qué no podía vender los premios, qué pretendía pidiendo un préstamo al banco, etc. Sospecho que yo misma soy aún más simplona que la peli.BNB — 23-03-2007 13:02:39