3055 Jean Leon
··········No consigo interesarme demasiado. Por una parte, la historia de este hombre no me dice mucho. O, más bien, lo que de ella me cuentan. Quizás me interesa más la primera parte, su vida como Ceferino Carrión: el incendio de su ciudad, la guerra, la muerte de padre y hermano mayor, irse para huír de la mili o de la imagen inalcanzable del hermano mayor, emigrar, ser polizón, ... Pero de todo eso hay mucha menos información que de su vida posterior, como Jean Leon, de restaurador y vinatero, y de sus relaciones con famosos.
··········Influirá también que no me gusta la forma. Salvo algunos intermedios hechos con photoshop, a veces imaginativos, aunque a menudo repetitivos, lo demás tiene la estructura típica del documental yanqui: una sucesión de caras de famosos, con un letrero (Fulanito de tal, cuñado de su segunda mujer, o camarero en su restaurante, o...) que cuenta algún detalle, a veces una simple anédota. Esa forma tan humana de aprehender la realidad (oh, ah, Paul Newman tiene una frase sobre él, y Dennis Hopper, y Angie Dickinson,...) me da un poco de grima. Recuerda aquello en lo que se han convertido los periódicos hoy en día, que no pueden dar la noticia de un terremoto sin decir “Chau Ping Moon acababa de dar de comer a su tercera hija, cuando llegó la ola que se llevo sus ilusiones mezcladas con un mar de barro...”.
··········El tercer elemento usado para narrar me lo pierdo por mi igorancia o mi falta de atención suficiente. Resulta que unos guapos muchachos y muchachas, alumnos del Actor’s Studio de los Strasberg, que aparecen periódiamente mientras charlan banalidades, juegan en la playa o se miran arrobados, son un elemento crucial de la narración cuando representan unos segundos de tres o cuatro clásicos de Tennessee Williams. Francamente, no me di cuenta de que me estuvieran hablando de Jean Leon, pero ya digo, alguien más atento...
··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 4.